A(L)MAR
Y duele. Duele verte, saberte, seguirte y pensarte. No es más doloroso que ir reconociendo y entendiendo el vacío profundo que deja tu ausencia, que no contemplaba la terrible necesidad de saberte, de seguir tus pasos. Se siente como una estaca atravesada en el pecho, literalmente, como tanto libro leído, como tanto drama y romanticismo conocido, novelas, teleseries y películas, pero que jamás imaginé que así fuera, no eran fantasías ni una exageración el que yo lo sentiría, o que mi cuerpo tras llorar horas y oprimirse por dentro, lo viviera.
Duele hacerse la fuerte, la ruda, la que puede verte, apoyarte en tus proyectos de fuera de ti, de lejos, de la distancia, de una región de por medio. Hablar de ti, mencionarte con la eterna y fuerte convicción de que por nada del mundo te sacaré de mi vida, aunque haya tomado la decisión de tener que vivir sola, fue la decisión más real y sincera que pude tomar, pero más ignorante que no pude contemplar.
¿Cómo puedo seguir amándote y sufrir a la vez por estar lejos? ¿Cómo puedo jugar a que quisiera realmente estar cerca tuyo, pero sufrir al mismo tiempo la terrible partida y comprensión de que dejaste ser una pieza que me conforma? ¿Cómo ser fuerte, cuando te dejo en medio del vuelo, cuando en realidad tenerte era toda y casi la más real identidad que tengo?
Con qué cara puedo creer estar dentro de tu círculo, si siento que merezco paredes y espaldas por parte de ellxs? Cómo me juega la cabeza en contra, apuntándome con el dedo. Pues sin tener un motivo claro, me he ido.
Como una brisa marina
llenaste mis pulmones.
De un momento a otro
me quedé vacía.
PD: Sentimientos vacíos luego de una ruptura. Efímeros tras la tormenta, antes de que el sol salga. Antes que la luz aparezca...
06.20
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