Sun
Mi pequeño Sun
(HOY)
En tanto, guardo cada tanto, y guardo cuando puedo, lo que a veces grita por ser registrado y recordado. Lo que no quiere ser olvidado.
Aún no acaba el mes de Agosto. Aún no acaba 2021. 4 meses para que llegue 2022. Más allá del tiempo, en el interior pareciera que el tiempo no se rigiera por lo que va aconteciendo o corriendo fuera.
No tengo más que sueños de bonanza que me permiten a veces flotar ligera, más allá de los pensamientos y quehacer cotidiano, un mar de esperanzas que no me canso de alucinar. A veces sueño dormida, qué tan mal podrá estar eso. Lo que sí, busco tener los pies siempre enraizados hacia la tierra.
Las cosas que parecen imprevistos que te vienen a sacudir y generar un buen dolor de cabeza, son las cosas que más me han obligado a estar firme, a ponerme a prueba, con un gran torbellino de crecimiento. Generalmente lo acompañan malos sentires, pero a fin de cuentas, es lo que más me ha implicado hacerme valer como persona, lo que me he construido hasta ahora.
Ha sido una travesía inesperada, mucho proceso de sanación desde que los tratamientos me acompañan. Soy una chica afortunada, porque no me ha faltado luz y compañía en este largo camino. Las guías no me faltan; gracias a Dios, a Chaw Ngenechen, que está en todos lados, se manifiesta de las maneras más inesperadas para tocarnos, reformularnos en lo que necesitamos avanzar.
Voy construyendo identidad, encontrando mis ropas, encontrando mis caras. Aún más adentro que eso: aún voy encontrando mis sentimientos verdaderos, mis deseos y aspiraciones de vida, cuáles son mis principales características, y qué lugar ocupo en medio del mundo. Ay, que todavía puede sacarme una lagrimita. No deja de ser un proceso que me embargue de pena, pues me apena sinceramente estos vacíos sin careta. Parecieran ser cosas que todo el mundo cree que están resueltas a simple vista. Quizás somos tantos y tantos así, o quizás no. En verdad no lo sé. Pero duele no sentir nada aún.
Y no es que no he avanzado, pues he avanzado mucho, no es que no sienta, siento mucho. Pero aún es un incierto, mientras esté aquí encerrada en mi cuarto, con las piernas cruzadas y el trasero adolorido de tanto estar sentado, sin tener tantas excusas buenas para poder salir a cada rato. Tengo las mías personales como los paseos en bicicleta sin rumbo claro, o caminatas y trotes con y sin compañía. Juntas repentinas para recordar que se es persona. Pero, cuarentena, no me es suficiente contigo.
Extraño la vida, sentirme bella, sentir un constructo por las relaciones que había que hacer en el día a día. Espacios que te dan identidad, que te demandan un sentir, que te demanda posición; mientras que en casa viene el paquete hecho, y sin poder cambiar. Esos moldes, aún no siento poder trabajarlos. Pero no porque no quiera, o porque no me he atrevido, sino porque creo que hay cosas que son así. El contexto familiar, no te define al 100%. Es donde naces a ser gente, así es. Pero no es el espacio de ser totalmente. Ah, es porque las flores florecen hacia afuera, hacia el sol, y no hacia sus raíces. Te respalda la tierra de la que te sostienes, y vas a lo más alto o retorcidamente alto que puedas. ¿Es así?
Y es aquí lo bonito que me trajo hasta aquí hoy, que tanto quería compartir, los nuevos colores o fragancias que me vienen a recordar y envolver, que me despiertan el alma dormida, todavía, con hambre de florecer.
Quisiera abatir estos colores, olores, fragancias que resuenan en lo repentino de los pensamientos y en el cotidiano del día a día. Las visita por las redes. El amor por la lectura, por aprender cosas nuevas, por regalonearse y quererse el cuerpo, la piel. La pasión y el cuidado de tener y gozar de buena salud. Cuidar la cabeza, nutrir y cultivarla, siempre, todos los días. Ser feliz, siempre, porque sí. Saltar, correr, gritar de alegría.
A veces tengo ganas de amar, y cuidar. A veces extraño sentir la posibilidad de volver a dejarse descubrir, volver a dejarse contemplar, y volver a dejarse amar. Sentir el alma despierta y conectada con un otro más.
Por favor, en este nuevo amanecer, despiértame otra vez, y que no se me vaya de las manos. Quiero sentir el calor que me queme tiernamente las mejillas, que del frío cobije y abrace las posibilidades de seguir respirando.
No me pierdas, no me guardes, dame luz para seguir brillando. Quiero sentir de nuevo tu calor y brillo por los poros. Por favor, dime, ¿tengo derecho a seguir viviendo? ¿puedo soñar y seguir flotando en las nubes? Por favor, dime, ¿puedo sentirlo de nuevo? ¿o estoy siendo muy ambiciosa?
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Es de noche-





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